|
Yo, antes de conocerlo, me creía viviendo,
hasta que llegué a decirle a mi madre que era feliz
y para él, todo lo mío era insuficiente.
Un día me llegó a decir a decir, si lo amaba,
que si gozaba con sus cosas, debía decírselo.
Una
tarde, en el colmo de la crueldad,
me reprochó que nunca, nunca,
le había dedicado un poema.
Yo, esa tarde, lloré con desesperación
pero él estaba ensayando la crueldad
y me dijo.
Llorar, siempre has llorado para mí
pero nunca me dedicaste un poema...
|